La mirada Inc贸moda

Las sensaciones consustanciales al acto de mirar la imagen hiperrealista que podemos ver en anuncios de televisi贸n, en los informativos, en la pornograf铆a, etc. ha estado siempre, o casi siempre dirigida hacia la excitaci贸n, el placer, o la mera curiosidad. Ver unos penes en primer plano como los que N茅stor Torrens ense帽a en La Mirada Inc贸moda nos produce cualquier reacci贸n menos la esperada, sobre todo si 茅stos est谩n superpuestos a las im谩genes de unos presentadores de informativos televisivos. Estamos acostumbrados a que, a trav茅s de los medios de comunicaci贸n, de la publicidad e incluso de la obra de algunos artistas, se muestre el sexo de una manera complaciente a la vista: tanto es as铆 que, incluso nuestra sociedad actual, tiene asumida la exhibici贸n del pene viril dentro del cuerpo del “sexo fuerte” como algo que ya no resulta escandaloso. Lo escandaloso del trabajo Informes de la serie La Mirada Inc贸moda (C铆rculo de Bellas Artes de Tenerife, 1992) es que la representaci贸n ic贸nica del falo ha sido superpuesta a la imagen de presentadoras y presentadores que colonizan, a trav茅s del reino de la televisi贸n, nuestra mirada. Una mirada inducida y forzada por la puesta en escena de la informaci贸n y por la temporalidad y la instantaneidad del montaje y del encuadre de los acontecimientos.

Resulta imp煤dico mostrar el desnudo de un hombre f铆sicamente normal, con un pene peque帽o, que no por ello deja de ser orgullo para la virilidad del que lo ostenta por el mero hecho de ser un hombre. N茅stor Torrens nos da una visi贸n desalentadora de la sexualidad y de la seducci贸n que desprenden unos presentadores guapos y atractivos elegidos entre miles de personas, que han de compensar con una sonrisa y unos gestos afectivos, nuestros temores ante la gravedad de las noticias que est谩n emitiendo sobre el mundo. No es casualidad que en estas im谩genes se mezclen informativos y pornograf铆a.. El cuerpo est谩 cada vez m谩s cerca de nosotros en la pantalla virtual siendo una especie de espectro que vemos a trav茅s del tragaluz de la televisi贸n. El cuerpo de estos profesionales de la informaci贸n al igual que las im谩genes de unos genitales masculinos corrientes, ha dejado de ser una fuente de gratificaci贸n hedonista para reconocer nuestra aut茅ntica naturaleza doliente. Ver un pene en tiempos del cibersexo no despierta ninguna excitaci贸n, con la telesexualidad o la pornograf铆a ambiental se ha perdido la ilusi贸n del deseo. “En realidad” –afirma Baudrillard- “ya no hay pornograf铆a identificable en cuanto tal porque la pornograf铆a est谩 virtualmente en todas partes, porque la esencia de lo pornogr谩fico ha pasado a todas las t茅cnicas de lo visual y de lo televisivo” .

n茅stor torrens - la mirada inc贸moda
n茅stor torrens - la mirada inc贸moda